Henry Cauver Cap.5 / Road-runner ó Un hongo en Malibú



La radio sonaba a toda pastilla con el tema Road Runner de Aerosmith cuando Henry derrapó las ruedas del descapotable que acababa de alquilar en el aeropuerto. Las ruedas se deslizaron por el suelo mojado por causa de la fuente que había calle arriba. El hilillo de agua avanzaba calle abajo como un río en miniatura cuando Henry tiró bruscamente del freno de mano y esas ruedas que resbalaron por aquella calle mojada a causa de aquel trompo, fueron a llevar el coche contra el bordillo de la calle, dejando a este perfectamente estacionado justo después del impacto de las ruedas contra el gris cemento que componía el bordillo.
¡Joder adoro Malibú! Eso es lo que pensó cuando miró a su alrededor y vio aquel fantástico paisaje playero.
Chicas en bikini por todos lados. Jóvenes surferos paseando sus tablas, olor a bronceador y una temperatura que quitaba el sentido. Y es que Henry acababa de llegar a otro punto más de su aventura vital, un punto pendiente, estaba en California.
Entro en el hotel, subió la corta escalera que le separaba del primer piso saltando de tres en tres los escalones. Se dirigió hasta la habitación ciento uno y la abrió de un golpe.
-¿Qué somos hombres o muñecos? –gritó desde el umbral. –¡Muñecos! –gritó con tono infantil Sam. –Espartanos ¿cuál es vuestro oficio? –preguntó a voz forzada Henry. -¡Follar! –contestaron Santi y Sam al unísono, a voz en grito.
-Vamos chavales, ¡Estamos en Malibú! – siguió chillando Henry con emoción. –¡UoooH, UoooooooH! Vamos a ser los putos amos de la noche –improvisaba cantando Santi, mientras Sam danzaba como un loco cantando y contorsionando la cabeza, mientras portaba una extraña mascara de cara de mapache.
-Venga, vamos a prepararnos –sugirió Henry mientras entraba en el baño dispuesto a afeitarse. Cogió la crema y empezó a cubrirse la barba de tres días. –¿Que haces Santi? –preguntó a su amigo que se encontraba en la cocina. –Estoy haciendo una tortilla de salchichas Henry- respondió este. -¿Salchichas? La que tienes que preparar es tu salchicha que esta noche no va a parar de bailar –rió Henry.
-Tener cuidado con lo que hacéis, que luego pasa lo que pasa –sugirió con su tono de niño Sam. –Lo digo en serio ¿eh? –dijo situándose en el centro de la habitación central, en el ecuador que separaba a los dos amigos. –Mira que yo tengo un hongo por esas cosas dijo mientras se sacaba la polla del pantalón. Comenzó a mirarse como el que busca un tesoro mientras se acercaba al cuarto de baño. –Mira Henry tengo un hongo –dijo Sam con seriedad.
Dejó de extender la espuma de afeitar y miró de reojo a la puerta. -¡Santi! –dijo Henry casi gritando -¿Por qué el capullo de tu primo me esta enseñando la polla? –pregunto inmóvil.  -¿Qué? –preguntó sorprendido Santi volviéndose hacia el cuarto de baño. -¿Pero que coño…? –dijo alucinado mientras Sam corría ahora hacia la cocina con el pene en la mano, mientras que sus pelotas saltaban a cada paso. –Mira Santi, es verdad, tengo un hongo –volvió a repetir Sam el mismo enunciado, ahora para otro espectador. –Joder aparta eso de aquí cabrón, que estoy haciendo la cena –bramó Santi mientras levantaba una pierna a modo de defensa y encogía los brazos. –Bueno, bueno, tampoco es para tanto –se lamentó Sam haciéndose el ofendido y con cara de pena. Se subió los pantalones y se dirigió con cara de derrota hacia la terraza.
Henry miró hacia la cocina e intercambió miradas de incredulidad con su amigo. Santi levanto los hombros a modo contestación.
-¿Me vas a decir de una vez por qué esta él en mi viaje? –preguntó Henry señalando dirección a la terraza. –Vamos Henry –dijo amainó Santi señalando calma con las manos. –Necesitaba salir, hacer amigos nuevos,…-respondió Santi a su amigo. –Es un poco rarito pero buena gente sin duda.
-¿Un poco raro dices? Ese tío ha venido comiéndole a la azafata todo el vuelo la cabeza en Francés. –Joder, ¿qué pasa por eso? No vas a ser tú siempre el que ligue –dijo Santi con enfado.  –Santi, por favor, tú primo no sabe ni una puta palabra francesa. Le dijo a la azafata que se llamaba Jean Paul Gaultier. Por favor –gesticuló Henry con las manos a modo de indignación.
–Mira Santiago –dijo seriamente Henry –si el loco de tú primo espanta a una sola de las chicas que vamos a conocer esta noche, en mi viaje, ¡en Malibú! –dijo con admiración –te juro que te corto los huevos y se los tiro a los cangrejos.
Santi trago saliva y se acerco con seguridad a Henry hasta poner su cara a un palmo de la suya. –¿Has visto a ese pobre hombre? Vamos Henry, no va a espantarte a nadie. Tiene pinta de ser muy tímido. Estoy cien por cien seguro que no te espantará a nadie. Tienes mi palabra. –dijo Santi tendiéndole la mano a Henry.
¡Toc, toc! Sonó la puerta.
–Buenas noches –dijeron desde fuera. Santi abrió la puerta. –Buenas noches señor. Seguridad del hotel –se identificó el hombre desde la puerta.
–Vengo a informarles de que cualquier comportamiento indecoroso puede suponer la expulsión del hotel –dijo el hombre sobriamente.  –¿Qué quiere decir? ¿qué somos indecorosos? –se abalanzo con cabreo Henry en dirección a la puerta. –Señor, quiero decir ni más ni menos, que tienen a un hombre en la terraza de su habitación enseñando el pene a las mujeres que pasan por la calle. Al parecer tiene un hongo.



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